Siempre creyó en el amor verdadero. Ese que se reconoce sin duda alguna al sentirlo y que dura para toda la vida. Siempre creyó en él hasta que lo sintió... y no fue correspondida. Entonces descubrió que si, que el amor existe, que se siente, incluyo se intuye, e inexorablemente se reconoce. Pero que, sin embargo, el sentirlo no implica necesariamente que vaya a ser el amor de "para siempre". Aprendió esto entonces, pero nunca pudo encontrar los motivos por los cuáles el amor verdadero no necesariamente es el amor para toda la vida.
Se conformó y se alegró, sin embargo, de saber con certeza que una vez amó, ya que hay personas que pasan la vida sin siquiera estar seguros de ello. Reconoció esta suerte de doble fllo, hermosa por ese lado, por saber lo que es el amor, pero desesperante por el otro, porque ya nunca podría volver a aceptar estar con alguien sin sentir esa certeza de que lo amaba. Ya no importa qué tan perfectos sean el uno para el otro, cuántas cosas comparten, qué tan conveniente, seguro, cómodo y alegre sería amarlo... sin el sentimiento certero del amor, nada vale.
Y un día, viendo una película (las respuestas que más buscamos a veces se aprenden en los lugares y momentos más inesperados) entendió lo siguiente: que si, que el amor verdadero existe. Que si, también, existe el amor para toda la vida. Pero que, y acá viene lo iumportante, el amor verdadero sólo es el amor de "para siempre" cuando ambos lo sienten.
Entonces, por más que uno ame y esté convencido de que esa era LA persona, por más que uno crea que ya nunca va a amar así e incluso que ya no vale la pena el amor si no puede ser con ÉL, tenemos que saber dejarlo ir. Porque, si el otro no nos ama, sin importar cuán verdadero sea el amor que le tenemos, definitivamente no es el amor de "para siempre".
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domingo, 26 de diciembre de 2010
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